Producto de dehesa, poco más hace falta
Solomillo de cerdo agridulce
Solomillo de cerdo agridulce, paso a paso. Carne de dehesa bien tratada, sin complicarse. Para 3 personas, dificultad media.
9 min
Media
3

Para 3 personas
Ingredientes
2
Solomillos de cerdo ibéricos entero
3 cucharadas
Miel
1
Limón
1 vaso
Caldo de carne
Al gusto
Azúcar, matalauva y ajonjolí
Al gusto
Aceite de oliva virgen extra, vinagre, sal y pimienta
Maridaje
Un tinto joven servido algo fresco para no tapar la carne, como el Bemoles.
Elaboración
Paso a paso
01
Limpia los solomillos
Para comenzar a elaborar nuestro solomillo de cerdo agridulce, revisamos los solomillos y los limpiamos en caso de exceso de grasa.
02
Dóralos enteros
En una sartén con aceite de oliva virgen extra a fuego medio, añadimos los solomillos enteros y los doramos por todas sus caras. De manera muy breve sin que lleguen a cocinarse. Apartamos y reservamos.
03
Vamos con la salsa
Pasamos ahora a elaborar la salsa para nuestro solomillo de cerdo agridulce
04
Azúcar, vinagre y soja
Utilizando la misma sartén, agregamos una cucharada generosa de azúcar, un buen chorreón de vinagre, 3 cucharadas de miel, la ralladura de 1 limón, ½ cucharadita de matalauva y el vaso de caldo de carne.
05
Deja reducir
Dejamos hervir hasta que vaya reduciendo y espesando.
06
Corta en rodajas y salsea
Mientras, cortamos los solomillos de cerdo en rodajas y colocamos en la sartén con la salsa, dejando que se terminen de cocinar.
07
Espolvorea ajonjolí
Finalmente, espolvoreamos con un poquito de ajonjolí.
08
Emplata con patatas o verdura
Emplatamos y podemos acompañar de unas ricas patatas al horno o verdura a la plancha.
09
Un plato para salir del apuro
Este solomillo de cerdo agridulce es un plato muy sencillo, que te salvará de un apuro en tu próxima comida con invitados. Estamos segura que vas a quedar de maravilla. No dudes en contarnos como te ha ido.
Consejos del chef
Para que salga perfecta
Corta siempre en contra de la fibra: se nota muchísimo en la textura.
Sala al final. Si salas antes, la carne suelta agua y pierde jugosidad.
La carne ibérica se sirve jugosa, nunca muy hecha: al punto conserva toda su grasa infiltrada.
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